
Este paraje fue declarado como Monumento Natural en 1996 por sus valores paisajísticos y ambientales.
Es una formación granítica de singular belleza con formas caprichosas, fruto de la erosión y del paso del tiempo. El monumento lo completan un conjunto de charcas que se utilizaron en el pasado como abrevaderos de ganado y para el lavado de lanas, como atestigua el actual Museo Vostell Malpartida y que fue un complejo arquitectónico para el tratamiento y lavado de lanas en el siglo XVIII.
Este paraje de agua y piedra conforman uno de los paisajes más espectaculares de Extremadura. En el que podemos contemplar numerosa fauna como águila culebrera (Circaetus gallinatus), el águila calzada (Hieraetus pennatus) o el milano real (Milvus milvus) entre otras especies de rapaces que sobrevuelan los cielos en busca de alimento. Especies acuáticas como el zampullín chico (Tachybaptus ruficolis), el somormujo lavanco (Podiceps cristatus), la ánade real (Anas platyrhynchos) o la la garza real (Ardea cinerea) Pero una especie de ave destaca sobre todas las demás por su belleza y que no es otra que la reconocible cigüeña blanca (Ciconia ciconia) que construye sus nidos sobre los grandes batolitos graníticos, convirtiéndose en todo un espectáculo para los amantes de la naturaleza. Otras especies que podemos encontrar directamente relacionadas con el agua son los galápagos leprosos Mauremys caspica), las nutrias (Lutra lutra) o las tencas (Tinca tinca) que se crían para después ser pescadas.
Existen numerosos rincones llenos de encanto por los que acceder a través de los caminos que recorren el paraje como por ejemplo la Ruta de los Sentidos acondicionada para visitantes con movilidad reducida y que muestra algunas de las formaciones rocosas más singulares.