La Ruta Vía de la Plata une el Cantábrico con el Atlántico andaluz por el occidente peninsular. Si bien adquirió más importancia durante la dominación romana, cuando se integró en el sistema de caminos que articulaban las comunicaciones del Imperio en la Península, la ruta ya existía en tiempos prerromanos. Fue el pueblo tartesio quien la utilizó para comerciar con las zonas mineras del norte, y posteriormente los cartagineses también la frecuentaron en su penetración hacia la meseta.
Sin embargo, no será hasta la llegada de los romanos cuando empiezan las tareas de construcción que la convertirían en una importante calzada. A Augusto se le debe la mayor parte del trazado, que fue culminado por los emperadores Tiberio, Trajano y Adriano, dotando al itinerario de una infraestructura en la que destacan los miliarios, hitos de piedra de forma cilíndrica que señalizaban el camino.
El trazado principal enlazaba Emerita Augusta (Mérida) y Asturica Augusta (Astorga), aunque las evidencias arqueológicas demuestran que la vía se prolongaría hasta Gijón y Sevilla, configurándose una ruta que vertebraba todo el occidente peninsular, integrándose en el sistema de calzadas que fueron construidas por los romanos en el territorio que dominaban para facilitar el transporte de tropas y mercancías.
Con el transcurrir de los siglos el itinerario siguió manteniendo su función de eje de comunicaciones y permitió, no solo la romanización de la península, sino que también facilitó la penetración musulmana y, en sentido inverso, la de las tropas cristianas hacia el sur. Asimismo permitió a los peregrinos jacobeos llegar a Santiago tras enlazar con el camino francés, y se convirtió en una importante cañada real cuando el Real Consejo de la Mesta aprovechó su trazado para establecer las vías pecuarias. Con la llegada del vapor entró a formar parte de la red de comunicaciones del país al construirse el ferrocarril, dando origen a otras importantes infraestructuras viarias de la actualidad: la N-630 y la A-66.
El nombre de Plata por el que se le conoce hoy, tiene su origen en tiempos de la dominación musulmana y procede del árabe Balata que significa camino enlosado o empedrado.
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